Un catalán desembarca en Madrid

Seguramente más de uno pensará que en Madrid no se puede desembarcar, en el sentido clásico de la palabra. Aquel de soldados envueltos en ropa de camuflaje, casco bien encajado y arma visible en una carrera loca en busca de un refugio sin fin. Como todos saben “Madrid no tiene playa”. ¡Vaya vaya! Que diría la canción. Y sin playa uno debería pensar que es, obviamente, complicado desembarcar. De geografía, a pesar de todo, algunos catalanes sabemos mucho.

Vivimos en un oasis sin palmeras y somos capaces de desembarcar en una playa sin arena ni agua. Hoy cuando redactaba estas primeras líneas para OKDIARIO escuchaba, por sorpresa, una exclusiva de la Sexta Noticias. Decía algo así como que Carles Puigdemont no era licenciado. Algo que quien suscribe explicó y documentó no hace unos meses, sino hace casi tres años. Pero ya ven en Madrid, sobre todo en el informativo, nunca han mirado al oasis catalán, porque a muchos, les interesa poco. Más bien les molesta.

Por suerte, en Cataluña, algunos —espero que muchos— sabemos hace tiempo que Puigdemont es un bachiller. Sabemos que Miriam Nogueras, la flamante nueva líder del PdeCAT en Madrid dice ser empresaria, sin haber dirigido nunca una empresa. Ser hija de empresario no te hace ser empresaria. Ni que fuera una princesa. Sabemos que la familia, su abuelo, del hombre fuerte de la Generalitat el vicepresidente Pere Aragonés forjó su dinero en la época dura de Franco, con muertos incluidos. Además en compensación a su sentimiento falangista fue elegido alcalde franquista de su Pineda de Mar natal. Pero sabemos más cosas. Sabemos que el famoso Josep Maria Matamala, esa mano derecha de Puigdemont que dice ser empresario, no deja de ser un mediocre político de toda la vida —desde joven cobrando dinero público— con una incursión empresarial que acabó no sólo en suspensión de pagos sino en la sorpresiva quema de la nave de su empresa poco tiempo antes de ser subastada para pagar a sus trabajadores.

Porque en Cataluña sigue habiendo un oasis informativo, aunque a algunos nos gusta seguir contando historias. Porque al final, definamos el territorio que definamos, Madrid, Cataluña, España o Europa, lo que a algunos nos entretiene no es enviar mensajes de dogma de fe, ni convertir a ninguna causa a un lector inteligente. Todo lo contrario queremos hacer algo tan simple, pero tan difícil en los medios, como contar historias, dar datos y ofrecer información para pensar. Porque igual que no quiero pensar por nadie, no quiero no tener toda la información para no poder pensar por mi mismo. Por eso, una columna —al menos las mías— deben ser un lugar siempre para pensar.

Desembarcar en Madrid es pues un aforismo de la realidad del país. En Cataluña explicar según qué historias te convierte en un facha. En España, supongo, te tildarán de derechas o de izquierdas. Lo triste de todo es que cuando uno salta pertrechado de la lancha de desembarco nunca piensa en que dirán. El miedo, el pánico, sólo te inmovilizarían en la arena. En ese hipotético escenario sólo piensas en correr y correr, disparar al vuelo, y tirarte en cualquier charco para protegerte. Aquí en pleno siglo XXI, por suerte, ya no vivimos de hipótesis ni de películas. Ahora solo con escribir ya podemos desembarcar hasta en Madrid sin sangre ni heridas. Las palabras y los datos siempre deben encabezar las historias. Y aquí estamos para contarlas sin miedo, sin rubor, y sobre todo, con total libertad.

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