Objetivo: el «pastor» a Pablo Casado

Objetivo: el «pastor» a Pablo Casado

Jugar al ajedrez es un arte. Aquellos que hemos disfrutado durante muchos años somos conscientes de las grandes dificultades del medio juego. Cuando te enfrentas a alguien que crees inferior, esa percepción es compleja de definir, relajas tu posición hasta cometer errores prácticamente de principiante. Juegas más a pillarle con “celadas” — trampas— que a desarrollar un juego adecuado.

Pedro Sánchez es un mal jugador de ajedrez. Quizá no tanto por tener o no tener conocimientos, sino por su actitud petulante delante de sus rivales. No abre bien la partida, no consolida posiciones, y se pasa el día intentando hacer celadas a sus rivales. La última: forzar la dimisión de la Ministra Montón para vincularlo al futuro de Pablo Casado.

Objetivo: el «pastor» a Pablo Casado

La partida es clara. Las encuestas que cocinan en La Moncloa comienzan a ignorar el efecto presidente del primer mes. Los continuos errores, los cambios de opinión, los datos demoledores de la economía, y la fuerza, para sorpresa de unos y otros, con que ha irrumpido Pablo Casado, robando votos a C’s y a VOX, ha disparado las alarmas a su máximo nivel.

En el ajedrez sacrificar un peón o incluso un alfil para eliminar a la dama rival nunca es una operación fácil. Es más, no podemos llamarle ni celada. Eso para campeonatos infantiles puede ser una buena idea. Pero Pedro Sánchez debería saber que cuando uno pasa de las competiciones de barrio a una gran competición no puede ganar sin conocer el arte ajedrecístico.

Nadie puede pretender ganar sin estudiar aperturas, sin desarrollar un medio juego y sin saber cómo finalizar partidas. Sánchez aún cree que se puede hacer el sencillo e infantil «mate pastor» como dogma de jugador. Y eso le inhabilita, no sólo como jugador de ajedrez sino peor aún como político. No olviden que la política, como el ajedrez, es también un arte, aunque Pedro crea que es un juego.

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