Los periodistas catalanes de la vergüenza

No crean que voy a escribir sobre Mónica Terribas, Jordi Baste, Toni Soler, Vicenç Partal o cualquier elemento asiduo de las cloacas como la mayoría de los serviciales de TV3. Porque como han leído he usado, en el titular, la palabra periodista y no propagandista. Estos últimos nunca han jugado a informar sino a lucrarse. Todo en una técnica de marketing tan antigua, como aquella profesión, que esperemos algún día alguien les haga devolver sus ingresos. No solo por haber fracasado en su misión, algo notorio a pesar de los millones y recursos, sino por haber actuado dentro de una organización delictiva con un fin espurio que era forrarse.

Mi columna va dedicada a esos otros que sí podríamos llamar periodistas. Esos que a estas alturas uno puede confirmar se han comportado, todos estos meses, mas como columnistas que como informadores. Base en principio de su formación. En Cataluña se ha dado la paradoja de que los que escribíamos columnas hemos tenido que dar información: desde el CV de Puigdemont, los negocios de Matamala, los pasados burgueses de Junqueras o los franquistas de Aragonés. Mientras los que debían informar ofrecían opinión sin informar.

Escribir que había dos millones de manifestantes en las calles cuando era matemáticamente imposible dándolo como oxímoron real. No explicar la fuga de Carles Puigdemont, escondido en los asientos del coche, u olvidar la noche de los Consellers en el Sur de Francia luego de la proclamación de la República hasta casi un año más tarde. Todo eso bien sabido no es informar. Y en eso los periodistas de medios como La Vanguardia o El Periódico, en su tiempo medios algo dignos, se han llevado la palma por su vergonzoso silencio o sus explicaciones tardías.
Son tan culpables como los políticos

En Cataluña hay que decirlo alto y claro son tan culpables del “proces” los políticos, los propagandistas, como esos periodistas del silencio cómplice. Los políticos han acabado en la cárcel, los propagandistas esperemos, sin subvenciones al mando, algún día sean citados por un Juzgado para explicar sus actos y sus lucros con la desgracia sucedida en Cataluña. Y esos periodistas de la vergüenza, al menos, sean reconocidos por su trabajo arrodillados bajo la mesa del primero que les pague. A partir de ahora en las facultades de periodismo deberían explicar que el periodismo, incluso en Cataluña, es informar, no hacer columnas ni “columnear” por la vida. A los periodistas, incluso los de la vergüenza en Cataluña, se les espera por lo que explican no por lo que callan. Eso, aunque sea tarde, sería otro triunfo del fracasado “proces”.

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