La desmovilización del independentismo

Todos los que vivimos en Cataluña conocemos independentistas. Es más, la mayoría hemos convivido con alguno de ellos. Creo mi caso no es una excepción. Sí el número de independentistas movilizados en las manifestaciones del 11S era grande, ahora tiende a cero. Personalmente ya no conozco ningún independentista que haya ido a alguno de los últimos actos del ‘proces’.

Uno que ha seguido todas las manifestaciones, donde por cierto ya escribí que la mágica cifra de dos millones era imposible, constata que en sus ultimas demostraciones apenas había unos centenares de personas. Aunque no solo es que no vayan a los actos, sino que han adoptado un silencio que recuerda al de muchos catalanes durante el ‘proces’. La llamada Cataluña silenciosa, antes quizás indiferente, ahora es claramente independentista.

Estos años han provocado un vuelco en la sociedad catalana. Los que hablaban ahora callan, excepto los que viven de esto, los que callaban ahora hablan. Y en medio el ‘corrimiento del silencio’ ha pasado desde un bando, esto sí va de bandos, a otro bando. Por primera vez podemos decir que el ‘proces’ no sólo ha fracasado en su objetivo final sino que definitivamente en su medio para obtenerlo, ha perdido la calle. Y sí algo tenían era eso. Sin mayorías en las urbas, sin calle, su futuro más cercano está sólo en la violencia.

La desmovilización masiva traerá las acciones más duras. Será de grupúsculos radicales pero serán. La denominada violencia de baja intensidad ya está aquí, asaltos sedes, acosos. Aunque debemos empezar a pensar sí el salto de esos energúmenos a una mayor intensidad es posible. Los grupos ultras de Arrán, principales hacedores de la deriva violenta de baja intensidad, deberían ser, por tanto, bien infiltrados y controlados por el bien de todos.

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