Eliminar a Carles Puigdemont

Carles Puigdemont escribe en su nuevo libro “en ocasiones digo que mi vida corre peligro y no lo digo porque sí”. Una frase, por primera vez, bien cierta del expresident de la Generalitat de Cataluña. El personaje encerrado en su bola de cristal de Bruselas comienza a exteriorizar su peculiar “factor humano de contrainteligencia“ que le ha seguido como una sombra desde principios de los años 90. Ahora vuelve a tener miedo. Hemos escrito en múltiples ocasiones que Carles Puigdemont estaría más seguro en una cárcel española que en la supuesta libertad belga.

Como debería ser normal, aunque alguno no lo entienda, en estas situaciones se han barajado muchos escenarios, por distintos elementos, para neutralizar al ex presidente de la Generalitat. Puigdemont ha tenido la suerte de tener en frente un Gobierno como el PP que no se caracterizaba precisamente por las medidas drásticas. Aunque pudiera haberlas tenido sobre la mesa. Ahora su problema no es ya el estado español, en su forma tradicional. Sino el Gobierno del PSOE y sus amigos de ERC que ven en Carles Puigdemont el último elemento aglutinador del radicalismo independentista.

En un momento donde los pactos de cloaca tienden, o quieren tender, a volver a la situación previa al procés el expresidente es un problema. Un estorbo a eliminar. Carles Puigdemont lo sabe. Y, al redactar estas líneas, estaría barajando la posibilidad de entregarse en el aeropuerto de Barcelona como golpe de efecto para recuperar la iniciativa perdida ante el blanqueamiento continuado de su opositor Oriol Junqueras por buena parte de la prensa española. Sí esto fuera ajedrez, habría que decidir si es mejor un expresidente en una caja o en una celda. Y a diferencia del Gobierno del PP, el del PSOE, presumiblemente, está necesitado de algún golpe de efecto para mitigar su alma en pena por los audios de Villarejo.

¡Qué inocente es, a veces, Oriol Junqueras! Cuando uno quiere un juguete y su amigo prefiere jugar con otro. Al final, lo importante para el Gobierno no es el juguete, ni España, incluso ni Cataluña. Su fin es simplemente mantenerse en el poder. Sea el precio que sea. Y quizá, sólo quizá, eliminar a Carles Puigdemont sea una fantasía menor cuando podemos sacar más rédito de su presencia en la cárcel. De nuevo gana Puigdemont, pierde Junqueras.

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