Barcelona la gran perdedora del “procés”

Apenas un par de meses después del 1-Octubre comienzan a salir las primeras cifras oficiales de la repercusión del “procés” en la economía catalana. Lo que hasta la fecha era una intuición, en voz baja, se ha constatado como una realidad. A las cifras del aumento del paro se han unido, en los últimos días, los datos de la ocupación hotelera.

Una cifra aterradora para Barcelona. No sólo ha perdido cerca de un 15% de su ocupación, sino que ha tenido que reducir sus precios más de un 10% para no perder reservas en las próximas fiestas navideñas. Hemos puntualizado Barcelona, porque curiosamente la costa catalana ha mantenido sus cifras. Sin lugar a dudas, la gran perdedora del “procés” es la ciudad de Barcelona. Curiosamente un territorio donde el independentismo tiene la menor fuerza de Cataluña.

Como hemos repetido en diversas ocasiones el “procés” tiene no sólo un claro componente rural, de comarcas que diríamos en Cataluña, sino también se ha convertido en un arma arrojadiza de envidia contra los logros en las últimas décadas de Barcelona. El apoyo por omisión, y en muchas ocasiones por colaboración, de la alcaldesa de la capital, Ada Colau, y su equipo, han ayudado en una labor de destrucción de la marca Barcelona.

Podemos escribir columnas y columnas sobre la fuerza económica de Barcelona. Pero nadie debe dudar a estas alturas que el factor fundamental de crecimiento en la capital de Cataluña ha sido el turismo. Un turismo en un amplio sentido. Desde aquel que viene un simple fin de semana a aquel que viene a un Congreso o una Feria. En ambos casos la repercusión negativa del “procés” ha afectado de forma brutal.

La Cataluña rural se ha impuesto por goleada a la Cataluña urbana. La marca Barcelona, labrada tras muchos esfuerzos, ha sido superada en repercusión mediática por Cataluña en las últimas semanas. Una casi desconocida, a nivel mundial, marca como “Catalonia” ha suscitado gran interés. Aunque a su pesar con una percepción negativa: manifestaciones, violencia y revueltas. Tres palabras que no ayudan a labrar una imagen positiva.

Esa victoria pírrica de la Cataluña rural contra Barcelona se hace todavía más dura cuando algunos de los líderes del “procés” como Marta Rovira han sido superados en el cuerpo a cuerpo por sus adversarios. A tal punto ha llegado el desconcierto por el pobre papel de la designada a dedo por el preso Oriol Junqueras que la misma ERC ha procedido de forma urgente a sustituirla de cualquier debate público. Un hecho que simplemente esconde un detalle: las marcas, las personas, los líderes, deben tener detrás siempre una consistencia, un equipo.

Una reflexión coherente con lo sucedido también en Barcelona. Aquí ha fallado y ha sido la gran perdedora del “procés” no por la fuerza de su gente, sino simplemente por la incapacidad de sus gestores, de su equipo, para dar un discurso coherente, diferenciado, y sobre todo organizado.

Marta Rovira ha sido humillada por la audiencia cuando ha debido de salir a dar la cara fuera de su escenario natural, tv3 y su Cataluña rural. Un síntoma que deberían estudiar Ada Colau y su equipo cuando vean fuera de su entorno natural que una ciudad no puede perder lo labrado en 20 años en apenas unos meses. La gestión de la política no sólo debe basarse en cobrar un sueldo, por cierto bastante bueno cada final de mes, sino también en la autocrítica y en responsabilizarse, incluso judicialmente, de sus errores.

Gracias al procés empezamos a ver que ciertas actitudes públicas, como gobernar, no pueden quedar impunes. Esperemos que esa línea se amplíe a más áreas de la vida política y podamos ver, en breve, más actuaciones contra políticos perjudiciales para el territorio. Hacer política es libre, pero hacer mala política debe ser perseguido. Y en el caso de Barcelona alguien debe pagar por hundir su marca y sus cifras estos meses.

Compartir columna @carlesenric
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